
Con más de 33 millones de personas infectadas en el mundo, la tarea de traer el amor y la aceptación de Cristo a aquellos que viven con el síndrome del VIH/SIDA, es agobiador. Necesitamos unirnos para alcanzar y recibir en nuestras vidas, hogares e iglesias a aquellos que están infectados. No se trata de recursos o de cosas. Se trata de corazón, pasión, y acción para hacer la diferencia.